Conductas que implican dañar a objetos, personas (agresividad contra los demás) o a sí mismos (autoagresividad), generando problemas al entorno. También se puede tratar de una agresividad pasiva, o lo que es lo mismo, el niño/a se resiste a la autoridad del maestro, pero sin plantarle cara: se olvida de las cosas, es irresponsable, etc.
Es importante trabajar las causas que originan este tipo de comportamiento. Detrás de la conducta agresiva acostumbra a haber una baja autoestima, una lucha para la autoafirmación, se produce como expresión de un exceso de tensión o angustia la cual no encuentra otra vía de escape que la agresión.
Enseñar al niño métodos para que controle sus conductas y él mismo se dé instrucciones, premios o sanciones, que se autoevalúe, etc., con el fin de extinguir la conducta inadecuada y conseguir los objetivos propuestos.
La conducta agresiva puede llegar a ser muy peligrosa, por lo que no se debe ignorar ni esperar a que se resuelva sola. Para unos la agresividad es una forma de dominar al grupo y para otros imitar lo que han visto o vivido en ambientes familiares.